miércoles, 4 de octubre de 2023

Ni un día sin cine (Heraldo Escolar)

 

(Publicado en Heraldo Escolar) el 4 de octubre de 2023)

Cuenta Pablo del Pozo que Alexis Sluys organizó en 1908 la primera sesión de cine demostrativa en la Escuela Normal de Bruselas. Se proyectaron sendas películas sobre Egipto y la aviación que fueron explicadas y comentadas por dos profesores especializados. Fue una de las primeras ocasiones en que se consideró que el cine podía ser un horizonte que merecía ser explorado. Otro ejemplo de cuánto nos queda por descubrir sabiendo que otros ya lo hicieron por nosotros.   

En las aulas, gracias al cine, podemos viajar a otras vidas, a otros universos y en ellos los docentes somos valiosos agentes cuando completamos sesiones bien planificadas que propician el crecimiento de nuestro alumnado. Porque el cine, los entornos audiovisuales son una poderosa herramienta constructora de ciudadanos críticos, agentes capaces de contrarrestar corrientes de pensamiento negativas y tomar conciencia sobre temas que se ajustan al bien común.      

El centro educativo no es el ecosistema en el que buscar la solución a todos los problemas. Recordemos que, en ocasiones, la ola nace en alta mar (familias y sociedad) y cuando llega a la orilla (la escuela) es un tsunami imparable. Pero afortunadamente contamos con programas educativos en los que apoyarnos. Y disponemos de una herramienta que nos hace fuertes: la experiencia de ver un producto en compañía frente al hábito vigente de disfrutarlo en soledad. 

Lo último que nos queda, en fin, es pedir “perdón por confundir el cine con la realidad”.



martes, 15 de noviembre de 2022

Y Marilyn tocó el oukelele

 (Publicado en noviembre de 2012 en Balcei 

Cuando era un niño, y Poquito me entretenía las tardes junto a Barullo, solía jugar con mi abuela (mi yaya, en realidad) a pedir sueños de esos difíciles, imposibles, inalcanzables. Disfrutaba con ello y también sufría, pues nunca llegaban y siempre se iban. Se iban. Eso de irse suena mal, ¿eh?. Aunque la chica de esa película cuyo título nunca recuerdo prefería, precisamente, a los chicos que se van, no los que se quedan, que esos son los sosos. Yo, es decir.

   Pues puestos a ello. Me pregunté un día que estaba conmigo qué ocurriría si hubiese posibilidad de completar una cartelera de cine con títulos de esos de siempre. Algo así como las diez películas de toda la vida. Sería complicado saber elegirlas y además, siempre lloverían quejas y críticas, pues nadie coincide con nadie y cada cual tiene su lista. Pero, pensé, podría ser divertido. ¿Te imaginas poder ver en pantalla grande a James Dean, John Wayne o Marilyn? ¡A que nunca los has visto en una sala oscura! Pues es todo un placer, te aseguro: un descubrimiento. Y un atrevimiento, también.

   Por supuesto, y en un lugar de privilegio, “Tiempos modernos” (1936), la más áspera y descarnada crítica al sistema capitalista que director haya firmado jamás. Un monumento al ser humano. Chaplin se despidió de la pantalla con ella y nos mostró la cara oculta de la luna.

   Una fácil para quedar bien con todos: “Lo que el viento se llevó” (1939). ¿Hace falta explicar el gusto que sería ver a Vivien Leigh donde le corresponde? Los grandes tienen que ser degustados donde deben. Y eso, queridos, no nos importa un comino.

   Bueno, la verdad es que esto está resultando sencillo. Conforme pasa el tiempo voy encontrando más facilidades. “Casablanca” (1942) sería una de las joyas de esta corona que estamos engarzando con pequeños rubíes de celuloide. ¿Hay alguien en esta tierra que se resistiría a ver esta maravilla en pantalla grande? Arrasaría, seguro. Y la Bacall…

   Qué se le va a hacer: esta es mi lista y pongo lo que me place, así que yo, por ejemplo, pagaría bien gustoso las ocho libras correspondientes por ver a John Wayne dándose de puñetazos con el hermano de Maureen O’Hara en “El hombre tranquilo” (1952), toda una demostración de cómo la felicidad puede vivir en un pequeño villorrio repleto de irlandeses. Y apunto alto: esta tendría que ser en versión original. Para disfrutar a borbotón, como la pasión de la pelirroja y el boxeador.

   La siguiente sería (¿podrá ser alguna vez?) “Cantando bajo la lluvia” (1952). No hay nada que añadir. Y, sobre todo, por ver al gran Donald O’Connor bailar como los propios ángeles. ¡Ah, sí! Y Gene Kelly.

   “La noche del cazador” (1955) es la única película dirigida por Charles Laughton en la que las manos de Robert Mitchum muestran de forma ostentosa las palabras “amor” y “odio”. Inquietante y agridulce trama que nos hace vivir momentos sublimes.

   Tampoco estaría mal ver al, para su fortuna, añorado Dean interpretando al muchacho díscolo e inadaptado que Nicholas Ray dibujó con ano firme cuando tenía tantas cosas que contar. Nos referimos a “Rebelde sin causa” (1955).

   Y “Con faldas y a lo loco”. Por Marilyn, claro, pero sobre todo por Jack Lemmon. Nadie, todavía, ha pronunciado con más sensualidad el nombre de Sugar como él lo hizo. Realmente inalcanzable.

   La novena la reservamos para “Viridiana”, generoso atrevimiento que nuestro hermano Buñuel pone sobre la luz del mundo en el que realiza un discurso aún no igualado sobre la esencia del ser humano. Ése que es tú y soy él.

   Y la décima, una sencilla debilidad: “Bienvenido, Mr. Marshall”, aportación castiza a esta lista de mágicas luces. Por varios motivos: por Pepe Isbert, por la historia…y por Lolita Sevilla, de quien mis progenitores cuentan que me arrulló en sus brazos cuando yo no podía/quería dormir en aquel hotelito de Madrid aquellas calurosas noches del mes de Agosto. Y cuentan que cantaba las nanas como nadie.

miércoles, 22 de octubre de 2014

¡Bien! Veo que no hay ningún desperfecto.

 

 Cada vez es más difícil. Las historias se agotan, las ideas se quedan en casa y y los motivos desaparecen, los muy canallas. Es un rito caro y poco agradecido y el ánimo se encoge cuando la pantalla se te ofrece, sensual pero blanca; limpia de palabras, llena de propósitos. Parece mentira que haya dedos que vuelen por sobre las teclas y caigan sobre ellas con decisión, sin error, eligiéndolas como a doncellas indefensas, buscando la uve, despreciando la hache, abrazando la ese, ignorando la ge. ¿Dónde están esas manos dulces como el acero que procuran no dañar el mundo porque el mundo es suyo? ¿Acaso tú las conoces, sabes dónde duermen las noches, conoces sus amoríos? 

   Yo una vez vi algunas Eran orgullosas, tiernas, implacables y pisaban la tierra con firmeza. Sabían que de ellas nacen las historias que a ti y a mí nos emocionan y que por ellas viajamos a lejanas montañas y descendemos por rugosos riachuelos. A veces me visitan, vienen a mis sueños y se instalan en mis bocas, todas las que tengo: la de gritar, a de rogar, la de leer, la de soplar, la de besar, la de matar…Sí, también la de matar.

   Son ya muchos años. Hay quien dice que más de cien. ¡Más de cien! Días y noches empeñados en llenar el cielo de aventuras, terrores, amores, muertes, celos. ¡Tantos proyectos llevados a la gloria! ¡Tantas ilusiones enterradas en las tumbas del olvido! Hoy, en el cielo; mañana, arrojada al basurero del ayer.

   Muchos años. Algunos se empeñan en recordarlo y organizan congresos, jornadas, galas. Yo, sencillamente, me homenajeo de la mejor manera que sé: existiendo. Cien años de mentiras y verdades que han servido para que algunos olvidasen, por algunas horas, las dudas propias y las certezas ajenas. Y aquí estoy, a veces derrotado, a veces triunfador, pero siempre impecablemente vestido para la ocasión. Soy el Cine Español. Bienvenidos a mi casa. Bienvenidos a la vida.

domingo, 19 de enero de 2014

Cuando nació "Balcei", el cine ya era mayor

 El pasado viernes, 17 de Enero, dio comienzo la XXXV Semana Cultural de Alcorisa que, bajo el lema «Tenemos la palabra, tenemos Balcei» se va a desarrollar hasta el 26 de Enero. En el acto inaugural el protagonista fue el periódico local BALCEI, que cumple precisamente ahora su XXV aniversario.

   Hoy traigo aquí el artículo que he publicado en su número 151 (Enero, 2014) en el que hablo de cine y de cómo estaba el paisaje cinematográfico cuando nuestro querido Balcei nació, allá por 1989.

   En 1989, el año que nació BALCEI, la Sala Alcor 82 de Alcorisa, ese templo de la cultura que señala nuestros senderos de comunidad comprometida y unida, ya tenía siete años de vida. Era una muchacha guapa, viva y dicharachera que veía cómo cada fin de semana sus butacas eran ocupadas por chicos y grandes para disfrutar de las buenas películas que en su pantalla se proyectaban.

   1299-indiana-jones-iii-la-ultima-cruzada-1989Las tres películas más taquilleras ese año fueron “Batman”, “Indiana Jones y la última Cruzada” y “Arma mortal 2”, lo que nos lleva a recordar que los actores más taquilleros del momento eran Michael Keaton, Jack Nicholson, Kim Bassinger, Harrison Ford, Sean Connery, Mel Gibson, Danny Glover, Patsy Kensit, Joe Pesci. Por su parte, los dirfectores más exitosos, si de dólares hablamos, fueron Tim Burton, Steven Spielberg y Richard Donner.

   Aquel año, los Oscar se entregaron el 29 de abril, en el  Shrine Civic Auditorium de Los Ángeles y, curiosamente, la ceremonia no contó con ningún presentador oficial. La película triunfadora fue “Rain Man”, dirigida por Barry Levinson, aunque no se puede decir que fuese una ganadora incontestable, pues aunque estaba nominada en ocho categorías recibió la estatuilla en cuatro de ellas.

   En el apartado de mejor película “Rain Man” logró el Oscar compitiendo con “Armas de mujer”, “Las amistades peligrosas”, “Arde Mississippi” y “El turista accidental”. El Oscar al mejor director fue para su director, Barry Levinson, que superó a Martin Scorsese (“La última tentación de Cristo”), Alan Parker (“Arde Mississippi”), Charles Crichton (“Un pez llamado Wanda”) y Mike Nichols (“Armas de mujer”).

   Dustin Hoffman (“Rain Man”) fue Oscar al mejor actor, premio que acariciaron pero no obtuvieron Gene Hackman (“Arde Mississippi”), Tom Hanks (“Big”), Edward James Olmos (“Lecciones inolvidables”) y Max von Sydow (“Pelle el Conquistador”). La mejor actriz fue Jodie Foster por “Acusados”, en dura competencia con Glenn Close (“Las amistades peligrosas”), Melanie Griffith (“Armas de mujer”), Meryl Streep (“Un grito en la oscuridad”) y Sigourney Weaver (“Gorilas en la niebla”).

Por último, en la categoría de Mejor Película en Lengua no Inglesa, nos llevamos el sofocón de ver cómo “Mujeres al borde de un ataque de nervios” no era considerada la mejor, honor que le correspondió a “Pelle el Conquistador”.

¿Y los Goya? ¿Cuáles fueron los productos cinematográficos con eñe premiados aquel 1989? Pues en aquel momento las candidatas de cada categoría eran cinco y en el apartado de películas la ganadora fue “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, que se llevó de calle el Goya frente a “Remando al viento”, “Diario de invierno”, “Espérame en el cielo” y “El túnel”. Los cinco directores nominados fueron Gonzalo Suárez por “Remando al viento”, Ricardo Franco por “Berlín Blues”, Francisco Regueiro por “Diario de invierno”, Antonio Mercero por “Espérame en el cielo” y Pedro Almodóvar por “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, siendo éste el triunfador.

Fernando Rey por “Diario de invierno” fue el actor premiado y vio cómo Alfredo Landa por “Sinatra”, Antonio Ferrandis por “Jarrapellejos”, Imanol Arias por “El Lute II -mañana seré libre-” y Pepe Soriano por “Espérame en el cielo” aplaudían decepcionados desde el patio de butacas. En el apartado de mejor actriz, igual que ocurriría en el apartado de la mejor película, era un secreto a voces que Carmen Maura, por su papelón en “Mujeres…” sería la galardonada. Por eso, ni Ana Belén por “Miss Caribe”, Ángela Molina por “Luces y Sombras”, María Fernanda D´Ocón por “Caminos de tiza” ni Victoria Abril por “Baton Rouge” se sorpredieron al escuchar el nombre de la, en ese momento, musa de Almodóvar.

Para acabar, el Goya honorífico recayó en Imperio Argentina, actriz muy vinculada con Aragón gracias a su matrimonio con nuestro Florian Rey y su memorable participación en “Nobleza baturra”.

Este era el panorama cinematográfico de aquel último año de la década de los ochenta, el paisaje en el que nació nuestro BALCEI y en el que muchos se reconocerán aunque no sea necesario pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Por lo menos, sí fue cinematográficamente atractivo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Evangeline Lilly, ojos abismo.

 

   Evangeline Lilly es canadiense. Y guapa, muy guapa. Ha llegado a cierto nivel star gracias a su participación en «Perdidos», donde era Kate Austen. Y verla en las revistas un día sí otro quizás me abrió el apetito mitomaníaco y me empujó a las praderas de «quiero saber dónde estás», en las que conseguí averiguar que pronto, después de una temporadita sin noticias suyas, podremos disfrutar de su presencia en dos películas en las que acompañará a sendos actores guapetones y bien puestos para proponernos dos relatos bien diferentes, aunque jugosos por igual.

   En una de ellas trabaja junto a Hugh Jackman, en una historia que lleva por título «Acero puro». Un relato en el que los robots se dedican a boxear pero cuyo personaje femenino la conmovió, a tal punto que no se resistió y aceptó el papel. En la segunda, «Premonición», su partenaire es Romain Duris y junto a él vive una narración en la que ella es la esposa de un tipo que experimenta fenómenos extraños.

   ¿Son buenas estas dos películas? Nadie lo sabe. Aún están por estrenar y por ello no las hemos disfrutado todavía. Pero una cosa es segura: Evangeline, además de un precioso nombre, es ahora actriz apetecida. Por eso Peter Jackson la ha contratado para su serie sobre «El Hobbit», que ahora mismo se está rodando. Y es que tiene dos ojos que te comen el alma y a estas horas de la vida apetece ser engullido por una mirada así.

miércoles, 20 de enero de 2010

Presentación de "La torre de Suso"

   (Texto que escribí para la presentación de  película «La torre de Suso» el día de San Sebastián, en el marco de la 31ª Semana Cultural de Alcorisa (Teruel)

 Muy buenas tardes, bienvenidos todos a esta Sala Alcor 82 y felicidades en el día de nuestro patrón, San Sebastián. 

   De nuevo el cine ocupa un lugar en la programación de nuestra semana Cultural y lo hace con una película española de Tom Fernández, joven director asturiano que inició una prometedora carrera como realizador con esta historia que, ya les adelanto, nos va a emocionar. Pero no sólo eso, porque la risa, el amor y, por sobre todos ellos, la necesidad de reivindicar la condición humana conforman un lienzo tan sugerente como sincero.

   La elección de la película se produce en el momento en que tenemos ocasión de conocer a su director, quien llegó a nuestra tierra el pasado otoño con su cámara al hombro para rodar diversas secuencias de un cortometraje, “Historia de Julia”, que tiene como protagonista a una mujer aragonesa que hace de los libros su vida y su horizonte. Ese instante, ese momento es el guiño que el destino nos propone para colaborar con él y su equipo y para sugerirle la idea de contar con su presencia estos días. Y nada mejor para acercarnos a su persona que a través de su obra. Esta que hoy nos disponemos a disfrutar.

   La torre de Suso es una historia en la que sus personajes le piden permiso a la vida para encontrar la sonrisa perdida y lo hacen a través del amigo que se va para siempre, Suso, cuya muerte es la razón para el reencuentro. De Cundo, que regresa de Argentina para volver a abrazar a Fernando, a Mote y a Pablo, para descubrir a sus padres, alojados en los más recónditos rincones del olvido, para recuperar la presencia de Rosa, esa mujer nunca merecida, y para abrir la ventana al amor en la sonrisa de Marta. Son los personajes de un relato cosido a la vida con los mismos hilos que tenemos sujeta la nuestra, pero quizás las puntadas son diferentes. Tom, que además de director es el guionista, nos ayuda a sumergirnos en una narración que, por momentos, nos reclama un lugar elegido a un realismo mágico no oculto, abrazado a una banda sonora húmeda y fresca con la que dan ganas de soñar. Los diálogos son frescos y vigorosos, y en ellos son tan importantes las palabras como los silencios, logrando así que un simple gesto de Javier Cámara o una mirada de Malena Alterio sean suficientes para construir todo un mundo.

   Si la historia aprieta las esquinas de nuestros sueños, os diré que la utilización de un ritmo pausado no entorpece el desarrollo de la cinta, sino que nos cautiva con las pinceladas narrativas que Tom Fernández maneja con oficio e intención, haciéndonos carpinteros en la construcción de la torre que entre todos, ya lo veréis, querréis construir. Es la metáfora que guía los sentimientos de los personajes, la voz de quien no conocemos pero a quien, sin querer, aprendemos a querer. Suso es, sin duda, la razón de ser de una película que deseo que degustéis con la plácida inquietud que esta tarde de San Sebastián nos ofrece.

Por último, os recuerdo que a las 7 y media de la tarde tendrá lugar un interesantísimo encuentro con Tom Fernández, con quien podremos desmenuzar todos los detalles de su película y compartir con él sus experiencias en el mundo del cine y la televisión. Hasta entonces, muy buenas tardes y que La Torre de Suso os ayude a ver las cosas desde arriba.

sábado, 28 de marzo de 2009

Penélope Cruz, la caricia irrevocable

   Penélope Cruz ha cruzado todos los ríos de gloria que han mostrado el camino hacia la luz. Penélope ha hecho verdad uno de los versos que atraviesan la melodía de la canción que sugirió a sus padres el nombre que la haría estrella, cuando Serrat cantaba “Y espera a que llegue el primer tren”. 

   Es la mujer que toda cámara adora, la sonrisa que todo galán desea besar, la mirada que todo cuerpo anhela recibir, la voz que todo amante añora cuando el deseo arrecia y acosa nuestros sentidos, las manos que todo cuerpo pretende conocer, el aroma que la niebla busca cuando no hay más luz que la noche concluida.

   Aspiro a entender cada día menos el brillo de las estrellas, pues así seré digno compañero del silencio, sin duda el mejor amigo cuando se acoge uno al abrazo de una sala de cine. Aspiro a no entender las razones que han llevado a la Academia de Hollywood a premiar a Penélope con el Oscar, pero cierto es que sentí muy próxima la ternura con que Pedro Almodóvar le aconsejaba, pocos días antes de la ceremonia, qué ropa debería vestir y qué peinado debería lucir. 


   Aquel amor que se adivinaba tras cada palabra fue un esbelto mensajero que ayudó a que nuestra Chica de Alcobendas mostrase lo mejor del talento latino a través de una dedicatoria muy emotiva a Alcobendas, el pueblo en el que “este no era un sueño demasiado realista” cuando, siendo niña, disfrutaba de esta ceremonia junto a su familia. Penélope ha besado el Cielo y pocas veces el Tío Oscar ha reposado en manos más jugosas que las suyas.

Ni un día sin cine (Heraldo Escolar)

  (Publicado en Heraldo Escolar ) el 4 de octubre de 2023) Cuenta Pablo del Pozo que Alexis Sluys organizó en 1908 la primera sesión de cine...