viernes, 23 de noviembre de 2007

Crítica: "Air Force One" (Sala Alcor 82, Alcorisa)

 

   Sospecha. Uno sospecha que hay gato encerrado en el tratamiento que el mundo le ha dado a esta película. Quede claro que no seremos nosotros quienes enmendemos la plana al Imperio, que bastante daño nos ha hecho ya y demasiado le queda por infringirnos, pero de ahí a poner en los altares a los comunistas cuando resulta que todo Dios se alegró un montón cuando lo del muro de Berlín y el champán (caro, además) corrió por todas las cancillerías occidentales cuando lo de la Unión Soviética se fue a la mierda, media un mundo. Quiero decir que se precisa un explicación.

 La película que ha dirigido el alemán Petersen y que protagonizan Ford y Oldman, principalmente, es un pastiche imperialista absolutamente vomitivo, que mueve a la indignación y cuyo panfleto apesta por las cuatro esquinas de la pantalla. Vale. Hay afirmaciones en los diálogos de la película que casi nos obligan a levantarnos de la butaca y escupirle en la cara al tío Sam al tiempo que le espetamos un “ahí te quedas, mamón”. De acuerdo. Y así hasta el final. Pero, ¿cuántas películas igualmente deleznables ideológicamente no nos hemos tragado y nadie ha dicho esta boca es mía? ¿O es que esas obras que todos tenemos en mente son catecismos de democracia?

   A ver si va a resultar que el mundo del Telón de Acero no era tan malo, a juzgar por los comentarios de algunos expertos cinematográficos que se permiten, ahora, reivindicar ciertos mensajes del jefe de los terroristas (como cuando el personaje de Oldman le dice a la mujer del presidente: “¿y hablan de asesinatos quienes mataron a 100.000 iraquíes por unos centavos en el precio de la gasolina?” y a continuación le descerraja un tiro en la cara a un rehén). 

   Y tiene razón: la única diferencia es que Bush nunca apretó un gatillo físicamente, pero, sin embargo, animaba a sus muchachos a desintegrar un país desde un apacible y cómodo despacho). Pues bien: es posible que cuando Castro caiga (y lo hará porque nadie lo evitará) veremos un montón de plañideras llorar por su ausencia al ver cómo la Cuba comunista se convierte en el burdel de Estados Unidos. Entonces, ocurrirá lo mismo que ahora sucede cuando nos llegan películas como la de hoy. ¿O qué esperábais, pazguatos liberales?

   La película tiene un argumento sencillo: el presidente de los EE.UU. reconoce que ha llegado tarde para solucionar un conflicto regional (en clara alusión a cómo Clinton se ha dormido en los laureles en la guerra de Yugoslavia) y promete que nunca más. Captura al jefe de los malos y regresa a casa. Pero alguien se cuela en su juguetito volante y pone en jaque al Pentágono. 

   A partir de aquí, la película. Magníficos efectos especiales y acción, siguiendo la estela de la moda cinematográfica al uso, tal y como ha sucedido recientemente con “Independence day” y “Mars attacks!” , donde el presidente nos cuida., nos protege y vela por nuestra seguridad. La pregunta ahí, surge a borbotón: y a nosotros, ¿quién nos protege de nuestro protector?.

 El director ha conseguido un excelente producto técnico, jugando perfectamente con la distribución de los espacios (reducidos) y el tiempo. No en vano, ya dirigió “El submarino”, una película de su etapa alemana donde la acción se desarrollaba en un estrechísimo espacio y conseguía mantener la tensión a lo largo y ancho (es un decir) de las dos horas de film. Después dirigió “La historia interminable”, al calor del éxito del libro de Michael Ende. Marchó después a EE.UU., donde comenzó una exitosa (comercialmente hablando) carrera y donde ha dirigido “La noche de los cristales rotos”, “En la línea de fuego” y “Estallido”. Le han llamado de todo: tramposo, oportunista, farsante…Probablemente tendrán razón. Pero, insistimos: no más que muchos otros, que disfrazan sus miserias o grandezas con argumentos aceptados por nuestra democrática cultura.

   De los protagonistas sólo diremos que Gary Oldman está muy expresivo en su papel, convincente en su trabajo, creíble en su personaje. No se lo pierdan. Y Ford…es Ford. Por mucho que algunos (los mismos) se empeñen en enterrarlo. Dicen que no cuida su carrera como debiera. Quizás se olvidan que este apacible actor norteamericano es de los pocos que puede hacer esto y, además, caer bien. Y conseguir que se lo crean sus conciudadanos yankies. Porque, respóndame a esto: ¿acaso se imaginan a nuestro presidente a bordo de un Iberia repartiendo mamporros y solucionando crisis de estado gracias a un móvil que recupera de las maletas…con cobertura a más de 10.000 metros de altura?.

 Resumiendo: se lo va usted a pasar bomba…si es capaz de obviar el envenenado correo ideológico que nos trae. Y, se lo aseguramos: este mensaje no se diferencia mucho de la trama ideológica de, es un poner, “La Guerra de las Galaxias” y siguientes. Porque aquello, si se piensa, también tenía sus bemoles.

lunes, 6 de agosto de 2007

La certeza de tus ojos: "Hotel Rwanda", "Crash", "Horas de luz" y "Ciudad de Dios".

(Publicado en BALCEI en julio de 2007) 

   En un tiempo, otro tiempo, habría empezado este artículo con expresiones como “Permítanme que…”, o “Déjenme que…”, o “Si les parece…”. En otro tiempo, tal vez hubiera golpeado tímidamente con mis nudillos la puerta de su intimidad celosa y legítimamente guardada para solicitar su atención y reclamarles dos minutos de su tiempo. Entonces le habría guiñado un ojo a la complicidad que se supone entre lector y escritor. En otro tiempo, ayer, por ejemplo, quizás habría expuesto mis textos en la calle apocadamente, sin pretender molestar, negociando cada gesto amable o pretendiendo una afable connivencia. En otro tiempo, digo, escribo, todo eso habría sucedido.

   Ese tiempo ha muerto. Lo he expulsado de mi vida, he borrado sus números de teléfono de mis agendas, la de papel y la electrónica. También he barrido las tristezas que se me habían quedado ocultas en algún rincón de mis afectos. Eso me pasa por ir al cine. Eso me pasa por ver algunas películas que consiguen estremecerme y obtener de mí lo mejor. Eso me pasa por aceptar el reto que supone desmenuzar algunas historias que corazones desgarrados y enteros construyen para reflejar la grandeza del ser humano y dibujar las miserias del ser humano. Cabe mayor contradicción, pero así somos: blanco y negro, bien y mal, generosos y mezquinos. Lo dijo el Hombre Libre: vivimos en una sociedad mejor, pero el ser humano no es ahora mejor. Y eso, queridos, queda grabado con la misma furia con que la sangre brota por la herida que nos abre el enemigo. O peor: la herida que nos procura quien hasta ayer nos quería.

   Hoy escribiré sobre cine, como siempre, como hago desde hace dieciséis años, pero hablaré del cine del que nadie quiere hablar. De ese que resquebraja las pulidas conciencias burguesas y nos obliga, porque no lo resistimos, a mirar hacia otro lado. El que nos obliga a decir con despreciable suficiencia que esas películas son un pestiño que no hay quien aguante, que a mí lo que me gusta son las comedias y las de acción, y si salen tías buenas, mejor. Claro, que ustedes siguen siendo libres de dejar leer aquí y pasar a otra cosa. Son libres…

   “Hotel Rwanda”. Ya hemos escrito sobre ella y hablado hasta con ella, pero esta película es no solamente necesaria sino imprescindible. Se trata de una historia que describe la brutal rivalidad existente entre humus y tutsis, alentada de manera vergonzante por las potencias occidentales personificada en unos personajes rehenes de un destino compartido pero no deseado. Si la libertad es un bien humano, también se puede decir que es escaso o, por lo menos, sólo disponible para el hombre blanco. El resto de los seres humanos viven en una ratonera de muerte, horror y miseria de la que difícilmente pueden escapar.

   “Crash”. La grandeza de esta película es su capacidad para combinar las vidas de gente tan diferente como nosotros mismos. Miedo, desesperanza, racismo, exclusión, odio, idealismo. El cóctel que conforma la narración aglutina con violento realismo las historias cruzadas del policía negro con una madre drogadicta, de los dos ladrones de coches que reflexionan constantemente sobre nuestra sociedad, del policía siempre al borde del delito alentado por su inveterado racismo, su joven compañero dispuesto en todo momento a mostrar un irritante idealismo y el hispano que ama a su hija como sólo se puede amar a una hija mientras te empuja a la vida una incólume esperanza. Eso, respetado lector, es lo que nos enseña esta cinta.

   “Horas de luz”. Juan José Garfia es un hombre de carne y hueso. Y de alma fornida, corazón vigoroso y espíritu hercúleo. Pero Juan José es un delincuente, un preso peligroso que llevad de cabeza al Estado y sus representantes, líder de motines capaz de soportar la presión del castigo legal y el acoso ilegal. En su vida bordada con espinas y hiel aparece Marimar, una enfermera cuyas manos le harán sentir el gozo del amor y cuyos ojos se convertirán en la ventana por la que mirar el inalcanzable mundo de líneas infinitas y la sonrisa de unos hijos nacidos de la generosidad. Esta historia, real, aún no se ha cerrado. Juan José permanece todavía en prisión aunque se siente capaz de soñar junto a la mujer que le enseñó a pedir perdón y le indicó el camino a la luz.

   “Ciudad de Dios”. Trasladar a la pantalla 600 páginas de hechos y la vida de 350 personajes es, se mire como se mire, un hecho mágico. Y si esa novela dibuja con milimétrica sintonía el universo de un barrio que no rivalizaría con el Infierno, sencillamente porque es el Infierno. El protagonista de la película es el barrio, que siente, sufre, ama, crece y muere como una criatura huérfana con mil padres desconocidos porque en ese mundo nadie se conoce aunque en sus lechos respiran mil goces prohibidos y ningún gesto deseado. Si este relato no conmueve al espectador será porque su piel ha tejido una muralla frente al dolor ajeno y el sufrimiento de al lado. Y entonces, sí, podremos decir que ya no nos queda casi nada que decir.

   Son cuatro propuestas cinematográficas, cuatro historias laterales, cuatro caminos que nos queda por recorrer y a los que merece la pena dedicarles nuestro tiempo. Es lo menos que podemos hacer por aproximar nuestra opulencia a la vida. A la de los demás.

Ni un día sin cine (Heraldo Escolar)

  (Publicado en Heraldo Escolar ) el 4 de octubre de 2023) Cuenta Pablo del Pozo que Alexis Sluys organizó en 1908 la primera sesión de cine...